Review in Nueva Revista
El libro finaliza con una noticia mala y una buena. La mala es la extensión del analfabetismo literario, que impide la concentración en una lectura de verdad y que las palabras traspasen. La buena es que incluso para lamentarse por lo anterior y más allá, en plena confrontación con la muerte o el suicidio de una sociedad, son necesarias las palabras y las seguimos usando: «¡Hay palabras más poderosas que la muerte!», se lee en este libro. Hay esperanza, por tanto. Las palabras son, siguen siendo, el vehículo privilegiado de la verdadera grandeza de espíritu, ya que, «de todas las criaturas de este universo, el ser humano es el único ser lingüístico, es decir, espiritual».
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